Por qué intentar estar bien todo el tiempo te hace sentir peor

Estar bien todo el tiempo
Intentar estar bien todo el tiempo, puede aumentar tu ansiedad y malestar emocional. En Aletheia Psicólogos te ayudamos a comprender tus emociones y a recuperar el equilibrio. Atención psicológica en Madrid, Rivas y Badajoz. Valoración inicial gratuita.

Por qué intentar estar bien todo el tiempo te hace sentir peor

En los últimos años he notado un fenómeno muy frecuente en consulta psicológica: cada vez más personas llegan diciendo “quiero estar bien todo el tiempo”. Buscan la fórmula para dejar de sentirse tristes, ansiosas, enfadadas o cansadas. Quieren estabilidad emocional permanente, calma constante, felicidad sostenida.

Y aunque este deseo es totalmente comprensible —a nadie le gusta sufrir—, lo cierto es que esta expectativa de bienestar continuo suele convertirse en una de las principales fuentes de malestar psicológico.

Vivimos en una sociedad que glorifica la positividad. En redes sociales vemos vidas aparentemente felices, productivas y siempre motivadas. El mensaje implícito es claro: si no estás bien, algo estás haciendo mal. Pero desde la psicología sabemos que la felicidad no es un estado permanente, sino una emoción más, cambiante y transitoria. Pretender estar bien todo el tiempo es tan irreal como querer que sea de día las 24 horas.

Las emociones no son enemigas

Desde la psicología entendemos que todas las emociones cumplen una función adaptativa. No existen emociones “malas”, sino emociones incómodas.

  • La tristeza nos invita a parar y a conectar con lo que hemos perdido.
  • La rabia nos ayuda a poner límites y a defendernos.
  • El miedo nos protege del peligro.
  • La alegría nos impulsa a disfrutar y a vincularnos con los demás.

El problema no son las emociones en sí, sino la relación que tenemos con ellas. Cuando intentamos reprimir lo que sentimos o forzarnos a “estar bien”, el cuerpo acaba expresándolo de otras maneras: tensión muscular, insomnio, fatiga crónica, ansiedad o somatizaciones.

En consulta veo a menudo cómo personas muy exigentes consigo mismas terminan más agotadas y desconectadas emocionalmente que aquellas que simplemente se permiten tener un mal día sin castigarse por ello.

La trampa del bienestar constante

Intentar estar bien todo el tiempo suele ser una forma sutil de control emocional. Detrás de esa búsqueda hay miedo: miedo a sufrir, a perder el control, a no ser suficiente o a no poder con lo que venga.

Paradójicamente, cuanto más intentamos controlar lo que sentimos, más fuerza adquieren esas emociones. La ansiedad crece cuando la combatimos, la tristeza se cronifica cuando la negamos y el enfado se vuelve interno cuando no lo escuchamos.

La clave del bienestar emocional no está en eliminar las emociones incómodas, sino en aceptarlas como parte inevitable de la experiencia humana. No hay crecimiento sin frustración, ni aprendizaje sin error, ni relaciones profundas sin vulnerabilidad.

Aceptar esto no es resignarse, es liberarse de una exigencia imposible.

Aprender a estar “regular” también es salud mental

A veces les digo a mis pacientes algo que suele aliviar mucho: “estar regular también está bien”. No todos los días tienen que ser buenos, productivos o felices. Hay días neutros, lentos, grises o simplemente cansados, y también forman parte de una vida emocionalmente sana.

El verdadero bienestar no consiste en eliminar los altibajos, sino en desarrollar flexibilidad emocional: la capacidad de transitar por lo que sentimos sin juzgarnos ni pelearnos con nosotros mismos.

Eso es madurez emocional: poder sentir tristeza sin hundirte, miedo sin paralizarte y alegría sin miedo a perderla.

La paradoja de la aceptación

Curiosamente, cuando dejas de forzarte a estar bien, empiezas a sentirte mejor. Cuando aceptas que las emociones cambian, aparece la calma. Ya no luchas contra ti, sino que te acompañas.

Estar bien no es una meta que se alcanza, es un equilibrio que se cultiva con autocompasión, conciencia y autenticidad. Y en ese equilibrio hay espacio para todo: para la tristeza, la alegría, el cansancio, la calma… y, sobre todo, para ser humana.

 

Si sientes que te cuesta permitirte no estar bien, la terapia psicológica puede ayudarte a construir una relación más amable con tus emociones.
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